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Serendipidad en el diseño de redes

Thursday, February 4th, 2010

Palabra rara (y fea) como pocas, pero sugerente. Me veo usándola cada vez más en las charlas con emprendedores y con gente que se dedica a la innovación. No es fortuito porque la complejidad de los tiempos que corren encaja bien con la serendipidad.

Proviene del término anglosajón “serendipity” y suele ser traducida de muchas maneras: “serendipia”, “serendipismo” o como titulo este artículo: “serendipidad”.
La “serendipidad” es un descubrimiento afortunado que se produce sin planificación. Se da de forma inesperada, aparentemente por accidente o suerte del destino. Es encontrar algo bueno que no buscabas. Ejemplos de serendipidad hay muchos, incluidos innovaciones tan determinantes como la Penicilina. La Wikipedia achaca a este fenómeno inventos tan variados como el dulce de leche, el celuloide, la estructura del átomo, el principio de Arquímedes, el Teflón e incluso, el mismísimo descubrimiento de América (recordemos que Colón buscaba la India cuando “se encontró” con el Nuevo Mundo).
Por cierto, Nicholas Carr dice que Internet es probablemente “the greatest serendipity engine in the history of culture” por la capacidad que tiene la web de descubrir caminos inesperados y llevarnos por senderos de información que no habíamos previsto. Pero… ¿Y por qué hablo de “casualidad buscada”? Suena contradictorio, pero la serendipidad bien practicada, como estrategia, es precisamente eso: crear condiciones para que las “casualidades afortunadas” se produzcan con más frecuencia en tu vida, o en tu organización. De eso trata este artículo. Los fenómenos de serendipia no obedecen solo a la casualidad sino también a una actitud que los propicia, y que se traduce en ser curiosos, flexibles y sagaces.
John Adair, en su excelente libro “The Art of creative Thinking”, dedica todo un capítulo a la “práctica de la serendipidad”. Comienza su exposición citando a Marcel Proust: “the real magic of discovery lies not in seeking new landscapes but in having new eyes”, lo que nos recuerda que la serendipidad nace de la curiosidad y del foco abierto. Hay que estar preparados, nos dice, para esperar lo inesperado.

Serendipidad y planificación

La serendipidad refleja algo que el viejo management se ha empeñado en desdeñar siempre: el fascinante poder de lo aleatorio en los procesos de innovación y creatividad, y que cristaliza desde una actitud de “dejarse llevar” que niega la sobreplanificación y cree en la magia de las conexiones espontaneas. Siempre se nos ha dicho que hay que planificar, prever, definir caminos, fijar objetivos y en definitiva, identificar con claridad qué buscamos y cómo en cada momento. No es un mal consejo, pero se ha abusado de ello, hasta el punto que la obsesión por la planificación ha llevado a construir modelos tan eficientes como rígidos y poco creativos.
Un ejemplo útil, aunque algo manido, de serendipidad en el proceso de innovación es el Post-it de 3M. No se buscaba un pegamento así pero se encontró uno mejor, y fue posible gracias a que había una persona, y sobre todo un sistema, que estimulaba la innovación espontánea y estaba preparado para “ver” más allá de lo previsto. Lo que puede parecer un simple golpe de suerte es a menudo una cultura que se estimula conscientemente.

Serendipidad en el diseño de redes

La serendipidad adquiere cada vez más significado en el diseño y promoción de redes. Algunos decisores públicos se empeñan, por ejemplo, en sobreorganizar los clusters y las redes de innovación, poniendo múltiples normas y definiendo una retahíla de objetivos sosos e inalcanzables. Se pretende con ello generar “lazos fuertes”, casi orgánicos, en forma de alianzas, fusiones y contratos, y es así como tienden también a medir los resultados de forma maximalista. Sin embargo, la gracia de las redes no está solo en esas expresiones tan formales de las conexiones, sino también en los llamados “lazos débiles”, que se tejen entre personas que consiguen sintonizar en medio de la fiesta gracias a que pueden compartir con libertad en un espacio abierto y sobre todo, pensado para la conversación.

Por Amalio A. Rey

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El ecosistema de las plataformas de networking

Tuesday, July 7th, 2009

Por Isidro Maya Jariego. Universidad de Sevilla


Where I’ve Been Lately (Thomas Hawk)

Facebook, Twitter, MySpace, Econozco, Xing, Tuenti, Linkedin, Orkut, Neurona, Sclipo, hi5, Flickr… La lista es innumerable. Esto nos dice algo importante al respecto de las “redes sociales” on line. Cada sitio es un espacio de socialización por sí mismo. El usuario da de alta su perfil en una red de contactos preexistente. Es un contexto que delimita las oportunidades para la interacción y es el punto de partida para el crecimiento de la red. No obstante, vistas en su conjunto, constituyen un ecosistema de plataformas de networking.

¿Qué implicaciones tiene concebirlas como un ecosistema? Un sitio de networking ofrece, entre otras cosas, un conjunto de contactos (como una colección de tarjetas de visita). En la práctica son alternativas hasta cierto punto redundantes. Se trata de redes que se solapan parcialmente, en función del comportamiento de los usuarios y de la inter-operabilidad de las mismas. Desde el punto de vista del usuario el desarrollo de sus redes personales depende de su posicionamiento en el ecosistema. Desde el punto de vista de las plataformas, la gestión del servicio va más allá de los límites que establece su propia red. Desarrollemos brevemente estas dos perspectivas.

* Hay grandes diferencias individuales en el uso de “redes sociales”. Podemos pensar en una tipología de usuarios. Por ejemplo, hay individuos que optan prioritariamente por una plataforma de referencia. Otros combinan varias simultáneamente, a veces con un uso diferenciado de cada una de ellas. Unos pocos son muy activos, mientras que muchas personas, en cambio, se mantienen simplemente al margen de las aplicaciones para el intercambio de perfiles.

* Detrás de esta combinatoria de individuos y “redes sociales” hay patrones de relación diferenciados, en los que se ponen en juego las preferencias y las estrategias personales. Un caso paradigmático es la distribución de contactos entre plataformas. Es frecuente encontrar usuarios que hacen un uso especializado de cada sitio de networking. Por ejemplo, separando a los contactos netamente profesionales de la familia y los amigos. O bien estableciendo, de forma más o menos consciente, diferentes segmentos en función de la intensidad de la relación. Hablamos también de la tendencia a congregar o separar a los miembros de la red personal o del grado de disonancia cognitiva que el individuo está en condiciones de tolerar.

Como vemos, en el plano individual se despliegan competencias específicas para manejarse en este contexto. A veces conlleva saber dirigirse a diferentes audiencias, adaptar las estrategias de comunicación a la amplitud y las características del grupo, conocer estrategias de difusión de la información en red, modular el discurso público y privado, o cultivar la reputación mediante la acción individual y la interacción con terceros. Es necesario saber adaptarse al contexto de interacción. Enrique Dans ha proporcionado un buen ejemplo recientemente de la complejidad de estrategias que se ponen en práctica para gestionar diversas audiencias y relaciones con los sistemas de microblogging.

Por lo que respecta a las plataformas se requiere una visión amplia de la relación de los usuarios con las “redes sociales”. Un ejemplo en contrario lo proporciona la manera en la que se produce normalmente la integración de varias herramientas. La fusión de dos o más Sitios de networking no es sólo una ampliación de los recursos que se ofrecen a los usuarios a través de la acumulación de contactos. Es, de hecho, una transformación del ecosistema de redes sociales. Por ejemplo, hace dos años en mi caso personal disponía de contactos con estudiantes en Neurona y lazos profesionales débiles (conocidos) en Econozco. La adquisición consecutiva por parte de Xing de ambas plataformas se vendió como un crecimiento de la red de contactos. Sin embargo, una “fusión” de redes no necesariamente se traduce en una suma de contactos. Al contrario, pone a algunos usuarios en la tesitura de mezclar espacios sociales diferentes, o bien renunciar al tiempo invertido en el desarrollo de perfiles y la gestión de contactos en al menos una de las plataformas.

Por Isidro Maya Jariego.
Universidad de Sevilla